El Pino de la Corona. Extraído de "Platero y yo" (Juan Ramón Jiménez)
El viandante (Hermann Hesse)
Una selva (Karen Alkalay-Gut)
El Nogal Nazim Hikmet)
En las mesetas del Vaupés (William Ospina)
Esos árboles desnudos (Antonio Álvarez Bürger)
Fábula del árbol enamorado (Alejandro Barragán)
Definición del árbol (Lupo Hernández Rueda)

Árboles (Adrienne Rich)
Otra vez los árboles se agitan (Antonio Redondo Andújar)
Oda a la Madera (Pablo Neruda)
Entrada a la Madera (Pablo Neruda)
Haiku ( Ritsurin Issekiro)

El Pino de la Corona.

¡Qué fuerte me siento siempre que reposo bajo su recuerdo! Es lo único que no ha dejado, al crecer yo, de ser grande, lo único que ha sido mayor cada vez. Cuando le cortaron aquella rama que el huracán le tronchó, me pareció que me habían arrancado un miembro; y, a veces, cuando cualquier dolor me coge de improviso, me parece que le duele al pino de la Corona.
La palabra "magno" le cuadra como al mar, como al cielo y como a mi corazón. A su sombra, mirando las nubes, han descansado razas y razas por siglos, como sobre el agua, bajo el cielo y en la nostalgia de mi corazón. Cuando, en el descuido de mis pensamientos, las imágenes arbitrarias se colocan donde quieren, o en estos instantes en que hay cosas que se ven cual en una visión segunda y a un lado de lo distinto, el pino de la Corona, transfigurado en no sé qué cuadro de eternidad, se me presenta, más rumoros y más gigante aún, en la duda, llamándome a descansar a su paz, como el término verdadero y eterno de mi viaje por la vida.

Juan Ramón Jiménez, "Platero y yo"

El viandante

Un árbol dice: "En mi vida se oculta un núcleo, una chispa, un pensamiento, soy vida de la vida eterna. Única es la tentativa y la creación que en mí ha osado la Madre Eterna. Única es mi forma y únicas las vetas de mi piel, único el juego más insignificante de las hojas de mi copa y la más pequeña cicatriz de mi corona. Mi misión es dar forma y presentar lo eterno en mis muescas singulares".
Un árbol dice: "Mi fuerza es la confianza; no sé nada de mis padres, no sé nada de los miles de retoños que todos los años brotan de mi. Vivo hasta el fin el secreto de mi semilla, no tengo otra preocupación. Confío en que Dios está en mí, confío en que mi tarea es sagrada y vivo de esta confianza".
Los árboles tienen pensamientos dilatados, prolijos y serenos, así como una vida más larga que la nuestra. Son más sabios que nosotros, mientras no les escuchemos. Pero cuando aprendemos a escuchar a los árboles, la brevedad, rapidez y apresuramiento infantil de nuestros pensamientos adquiere una alegría sin precedentes. Quien ha aprendido a escuchar a los árboles, ya no desea ser un árbol. No desea ser más que lo que es.

Hermann Hesse

Una selva

Aquí
en este oscuro
dulce bosque
aprendo
los movimientos
del hacha,
extendiéndose hacia atrás
e inclinándose hacia adentro
en la madera,
el apretón separado
de dos manos
en el mango
deslizándose juntas
cuando la hoja
muerde el corazón,
liberando aroma
de madera interior
luego el ritmo
de repetición.
Es la más
poderosa lección
de todas.
Una y otra vez
el cuerpo devora
incluso el más duro bosque.

Karen Alkalay-Gut

El Nogal

Mi cabeza en las nubes pura espuma y espuma
Por fuera y por dentro estoy lleno del mar
En el jardín de Gulhané soy un nogal

Soy un viejo nogal lleno de heridas
de nudos y de heridas cubierto está mi tronco
Pero nadie lo sabe
tú tampoco
ni siquiera la misma policía
En el jardín de Gulhané soy un nogal
Todo mi cuerpo vibra
como el pez en el agua, allá en el fondo
Cual pañuelos de seda mis hojas se estremecen
Arráncalas, amor, para secar tus lágrimas
Mis hojas son mis manos
Yo tengo justamente cien mil manos
Y con mis cien mil manos yo te toco
y yo toco Estambul
Mis hojas son mis ojos y yo miro extasiado
o con mis cien mil ojos te contemplo
y contemplo Estambul
o mis hojas palpitan
y palpitan Cual cien mil corazones

En el jardín de Gulhané soy un nogal
Pero nadie lo sabe
tú tampoco
ni siquiera la misma policía

Nazim Hikmet

En las mesetas del Vaupés

Qué son las canoas sino los árboles cansados de estar quietos.
Qué son los postes de colores sino los árboles hundiendo sus raíces en el cielo.
Qué son los puentes colgantes sino los árboles jugando con el vértigo.
Qué son las fogatas sino los árboles contando su último secreto.

Follaje de las ondas que va quedando atrás con el golpe del remo,
Follaje de sonidos que en torno de los postes enardece al guerrero,
Follaje de invisibles caminos que comienza en el confín del puente,
Follaje de humaredas que ascienden en desorden entre las titilantes orquídeas.

Con granadillo hice el bastón para espantar a los malos espíritus.
Con la madera del caobo hice las cuentas de un collar para tu pecho oscuro.
Con fruto seco del tekiba la copa en la que le ofreciste el agua.
Con la madera del laurel hice esta flecha.

William Ospina

Esos árboles desnudos

Qué perverso es el invierno con los árboles
desnudos y ateridos, agraviados
por la exaltación de los vendavales;
forzados a contorsionarse, extravagantes,
entre los aplausos infatuados de la lluvia,
con faroles de inoportunos ademanes
que los celan en las umbrosas avenidas
y silencios quebrajados por el llanto
de los seres traicionados.

Qué severo es el invierno con los árboles
desvestidos por las tormentas y los céfiros;
plañideros desde las cepas y los brazos
desarticulados de sus cuerpos,
suplicantes tras la postrimera furia,
como manos con lágrimas entre los dedos
brotando de la tierra.

Esos árboles desnudos y entumecidos
de todos los inviernos iracundos.
Esos tristes fantasmas profanados,
que no pueden surcar los territorios
como las aves en busca de indumento
para cobijarse.

Esos viejos árboles que vomitan resina
en los caminos lejanos,
con las entrañas abiertas a tajo de viento.
Desdichados árboles ofreciéndose
en holocausto como esculturas mutantes,
despojadas de su fronda
y de la dignidad de los árboles en primavera.

Antonio Álvarez Bürger

Fábula del árbol enamorado

I

Esto que ves,
esto que ves en mi mano,
no tiene cáscara de fruta;
No tiene el cítrico jugo que amargue,
o que le dé dulzura a la vida...

Esto que ves,
es único y no tiene semilla.

Pero esto,
esto sí es mi fruto.
Un fruto que saqué rompiendo mi costilla,
un fruto que saqué de mi cuerpo de madera,
de madera,
de tronco,
de tronco de madera fina.

Esto es el fruto de mi vida.

Esto que ves,
esto que ves en mis manos,
es un fruto que tiene toda mi vida;
Un fruto que está hecho de sueños hermosos y de pesadillas;
De lágrimas,
pláticas mustias,
horas enteras de pesados silencios,
y también está lleno de mis más felices risas.

II

Este fruto,
este fruto color manzana o sandía,
figura de naranja,
tamaño mandarina,
este fruto nunca visto contiene toda mi vida;
todo lo que vale la pena de mi vida.
Está en el puño de mi mano que acerco a tí,
para que le des una mordida...

Es un fruto único,
es casi una flor,
es un nido,
es la figura que se le da a una canción o a una hermosa melodía...
es el contenido de todo sentimiento que me agobia,

o que me da alegría...
Lo es todo,
son todas mis noches,
son también todos mis días;
Van todos juntos mis recuerdos,
frustraciones,
mis errores,
mis vicios y defectos,
también mis fantasías...

Este fruto como ves,
es más que una poesía,
esto que ves en mis manos,
esto que te ofrezco enseguida,
esto,
es una forma de darme todo,
es el corazón de un árbol que aún palpita,
es una fruta que aún vive,
y que muere lentamente
si alguien no le ofrece una mordida.

Quiero que la tomes.
Quiero que me comas,
tómalo como una ofrenda, mi querida princesita...
Mira que me muero lentamente,
y sólo tú me puedes devolver la vida.

Sólo tú, querida,
sólo si te atreves y tomas el regalo que te dan mis manos,
y lo llevas a tu boca,
y me besas,
y me haces el amor mordida tras mordida...
y me llevas a tu vientre,
y me dejas recorrer por dentro esa figura tan divina...

No lo pienses,
No lo pienses demasiado porque el tiempo se termina...
Tómame en tus manos y lléname de besos,
lléname de besos y caricias hasta el punto del cansancio...

Baja de tu nube,
hermoso sol y bésame despacio,
Hazme el amor y devórame enseguida,
que quede muerto ese cuerpo de madera,
y en tus labios, la esencia de mi vida siga viva.

Quiero,
quiero que bajes de esa nube,
hermoso sol, mi Diosa favorita...
Bebe de mi alma,
bébeme enseguida,
bébeme de prisa...
Bebe que se escapa entre mis dedos esta fruta,
esta ofrenda,
este corazón que desea besar tu risa;
esta ofrenda que es lo único que tengo,
y que en ella te doy toda mi vida.

III

No me dejes,
No me dejes que me he sacado el corazón,
y para esa decisión no tengo ya salida,
No te vayas,
no me dejes que me mata esta agonía;
que este fruto que te ofrezco
y que es todo lo que soy y lo que tengo,
tambien se morirá conmigo cuando estés muy lejos y se acabe el día.

No me dejes que mañana,
este tronco aquí que ves,
no será más que una astilla.
No será más que madera que no tenga sonrisa,
que ya no tenga flores,
que ya no invite golondrinas,
que sus hojas, aún en primavera,
se pinten ambas caras de amarillas,
y esta sombra, que invita a enamorados,
se convierta en laberintos sin salida de mis ramas retorcidas.

...

IV

Esto que ves,
esto que ves en el piso,
marchita,
esa fruta que ves es mi vida.

La noche que me atrapa,
prolonga y hace eterna mi agonía...
Tirado,
hecho pedazos en el suelo,
está el regalo más hermoso que se le haya ofrecido a alguna Diva.
Está cubierto de tristeza,
ya no le queda ni una gota de alegría,
ya no le queda más que el grito de lamento y esa risa,
el recuerdo más hermoso,
de haberla visto,
-aunque sea pasar de prisa-
y haber sentido su calor intenso,
y la cálida textura de la más tierna caricia...
El recuerdo aún tan tibio,
de haberla amado en ese instante, hasta el grado de perder la vida.

Bien valía,
sacarse el corazón por esa alma divina.

Por eso,
aunque esté aquí yo,
con este cuerpo de madera ya sin vida,
Juro,
juro que si vuelve a pasar mañana,
y tuviera yo de nuevo un corazón,
juro,
juro,
que otra vez se lo daría..

Alejandro Barragán

Definición del árbol

I

Es natural que el árbol abandone su cuerpo.
Mariposa de tránsito, venturoso existir
de la hebra pura,
el árbol que yo canto es una débil llama,
un alma vegetal que se elabora apenas.

Herida por el goce la savia,
donde habita,
desnuda la corriente de su madera toda
para que un mar posible de sombras la sitúe.

El árbol sabe entonces,
que la raíz de aire de sus ramas
asciende, sostenida en atinada claridad de sombras,
de otra raíz oculta.

II

Canto el árbol a solas
en la sangre,
el árbol que se escapa
por la herida del cuerpo.

Canto el árbol azul de la ignorancia
que me recorre entero,
árbol de sombras sólo,
de oscuridad exacta.

Canto para cantarme,
para cantar el árbol en que habito,
la dulce morada solitaria
del cuerpo que me tiene.

Canto porque deseo,
porque quiero vivir, amar,
andar libre,
sin peso por el árbol.

III

Cuando ama el árbol se deshace, huye,
proclama su levedad de hojas,
publicación de verdes regalados o canción diluida,
deleite de su rama carnal,
de su escondrijo de azuladas raíces en espera.

Cuando ama el árbol se diluye
en alegre corriente de la madera dulce.
Cuando ama el árbol del amor...

Hueco de soledad que te pronuncia a solas,
quizás, el árbol del amor duerme en olvido,
en apretada soledad más pura.
Porque el oro de mi risa no basta para llenar su límite,
se abre como un sol
para ofrecerse entero cuando ama,
el árbol del amor.

IV

Hay almas que no mueren en las hojas del canto
aunque no encuentren otra manera posible de escapar,
aunque no exista otro refugio,
apetecido vaso, ardido recipiente,
olorosa unidad de carne viva que ocupe su lugar,
su desmedido espacio, porque una muerte existe
en cada hoja vacía de sustancia,
y una huidiza llama.

Hay almas que se pudren en las hojas del
(cuerpo por su origen oscuro,
porque después, pudiendo libertarse,
darse a todos, sin interés ni esfuerzo,
asumen la condición de pájaros comunes.

Hay almas que se nutren a la sombra de todos
con los apetecidos metales de la sangre,
de cuantos, humanamente sanos, confiados,
se acercan a su espacio
para entregarse solos a su gran apetencia.

V

Es posible que el árbol sepa entonces
que atado definitivamente al mar de soledad que habita
carece de toda libertad
para decir las cosas que humanamente vive repitiendo.

Es posible, oh Dios, crecer cada domingo en
(desmedido arroyo de alabanzas.

Es posible, oh vida, que el árbol de la sangre se derrame
y el universo todo de mi isla sea pequeño para
(su inacabado límite.

Es posible, oh sangre, que dolorosas hebras
formulen una noche más honda que la nuestra.
Pero también, oh libertad, es posible
que el árbol conmovido, tomando agudas fuerzas,
-no sé de dónde-, acierte en una furia libertada
y con ello motive su justo crecimiento.

VI

Porque las raíces de los árboles todos
pululan en lo oscuro,
en el vientre crecido de la tierra.
Porque una lluvia de hombres se traduce
en finísimo polvo,
la tierra estará llena de raíces amargas,
de inacabados ríos de lágrimas.

La alegría de los frutos,
la rosa regalada,
la humedad de los huertos,
la fiesta de oro de los días alegres
ignoran la raíz,
su propiedad de abeja,
porque la raíz es un árbol de sombras,
es un árbol de sombra rodeado de oscuro.

Pero todas las humanas raíces se aúnan
(en un río de trabajo
en la noche completa del árbol.
Y la madre de todas, las amorosas madres
esperan una muerte,
una ola de savia en fruto consumada,
su semejante amando, que respire unidad
en un río subterráneo interminablemente largo,
como una noche más en la noche de todos.

Lupo Hernández Rueda

Árboles

Desde el interior, los árboles avanzan hacia el bosque,
el bosque que estuvo vacío todos aquellos días,
donde ningún pájaro podía posarse,
ningún insecto esconderse,
y ningún sol podía enterrar su pies en la sombra;
en el bosque vacío de esas noches,
los árboles abundarán por la mañana.

Las raíces se esfuerzan toda la noche
por desprenderse de las grietas
en el suelo de la terraza.
Las hojas se retuercen hacia los vidrios,
pequeños vástagos endurecidos por el esfuerzo
largas y torcidas ramas que se desprenden con dificultad
bajo el techo, como pacientes recién dados de alta,
medio-aturdidos, dirigiéndose
hacia las puertas de la clínica.
Aquí me acomodo. Las puertas se abren hacia la terraza,
escribo extensas cartas
donde apenas menciono el bosque
y su partida de la casa.
La noche está fresca, la luna entera brilla
en un cielo aún abierto.
El aroma de hojas y liquen
llega como una voz a las habitaciones.
Mi mente está plena de susurros
que permanecerán en silencio mañana.
Escucha. Los vidrios se quiebran,
se tambalean los árboles
Hacia la noche. El viento
se apresura a recibirlos.
Como un espejo la luna se ha quebrado
y en la copa del roble más alto
relampaguean ahora sus fragmentos.

Adrienne Rich
Tradución de Myriam Díaz-Diocaretz

OTRA VEZ LOS ÁRBOLES SE AGITAN

Mira allá: otra vez los árboles se agitan
y el sol se ha derrumbado
sobre todos los cuerpos que lo adoran incautos.
¡Qué sonido tan torpe el crepitar del fuego!
Se parece al tic-tac del reloj.

Mira allá: otra vez los árboles se agitan.
Sus copas describen círculos inmensos.
La bóveda del cielo es de un azul que miente.
Sentido circular de la existencia: ¿Dónde caerás de nuevo?
¿En un cilindro
o en la masa viscosa de un nadie inexistente?

Camino, vuelvo la vista atrás y, a lo lejos
–guardando la distancia necesaria–,
una mujer, ocultando su cuerpo
–de manera que no pueda saber qué es lo que me oculta–,
me persigue incansable.
No me sirve de nada que mi paso sea raudo,
que corra como un loco
–encerrado entre muros de carne–
porque describo círculos inmensos.

Otra vez los árboles se agitan
y el cielo es de un azul que miente.

Antonio Redondo Andújar

ODA A LA MADERA

Ay, de cuanto conozco
y reconozco
entre todas las cosas
es la madera
mi mejor amiga.
Yo llevo por el mundo
en mi cuerpo, en mi ropa,
aroma
de aserradero,
olor de tabla roja.
Mi pecho, mis sentidos
se impregnaron
en mi infancia
de árboles que caían
de grandes bosques llenos
de construcción futura.
Yo escuché cuando azotan
el gigantesco
alerce,
el laurel alto de cuarenta metros.
El hacha y la cintura
del hachero minúsculo
de pronto picotean
su columna arrogante,
el hombre vence y cae
la columna de aroma,
tiembla la tierra, un trueno
sordo, un sollozo negro
de raíces, y entonces
una ola
de olores forestales
inundó mis sentidos.
Fue en mi infancia, fue sobre
la húmeda tierra, lejos
en las selvas del Sur,
en los fragantes, verdes
archipiélagos,
conmigo
fueron naciendo vigas,
durmientes
espesos como el hierro,
tablas
delgadas y sonoras.
La sierra rechinaba
cantando
sus amores de acero,
aullaba el hilo agudo,
el lamento metálico
de la sierra cortando
el pan del bosque
como madre en el parto,
y daba a luz en medio
de la luz
y la selva
desgarrando la entraña
de la naturaleza,
pariendo
castillos de madera,
viviendas para el hombre,
escuelas, ataúdes,
mesas y mangos de hacha.
Todo
allí en el bosque
dormía bajo las hojas mojadas
cuando
un hombre
comienza
torciendo la cintura
y levantando el hacha
a picotear la pura
solemnidad del árbol
y éste
cae,
trueno y fragancia caen
para que nazca de ellos
la construcción, la forma,
el edificio,
de las manos del hombre.
Te conozco, te amo,
te vi nacer, madera.
Por eso
si te toco
me respondes
como un cuerpo querido,
me muestras
tus ojos y tus fibras,
tus nudos, tus lunares,
tus vetas
como inmóviles ríos.
Yo sé
lo que ellos
cantaron
con la voz del viento,
escucho
la noche respetuosa,
el galope
del caballo en la selva,
te toco y te abres
como una rosa seca
que sólo para mí resucitara
dándome
el aroma y el fuego
que parecían muertos.
Debajo
de la pintura sórdida
adivino tus poros,
ahogada me llamas
y te escucho,
siento
sacudirse
los árboles
que asombraron mi infancia,
veo
salir de ti,
como un vuelo de océano
y palomas,
las alas de los libros,
el papel de mañana
para el hombre,
el papel puro para el hombre puro
que existirá mañana
y que hoy está naciendo
con un ruido de sierra,
con un desgarramiento
de luz, sonido y sangre.
Es el aserradero
del tiempo,
cae
la selva oscura, oscuro
nace
el hombre,
caen las hojas negras
y nos oprime el trueno,
hablan al mismo tiempo
la muerte y la vida,
como un violín se eleva
el canto o el lamento
de la sierra en el bosque,
y así nace y comienza
a recorrer el mundo
la madera,
hasta ser constructora silenciosa
cortada y perforada por el hierro,
hasta sufrir y proteger
construyendo
la vivienda
en donde cada día
se encontrarán el hombre, la mujer
y la vida.

Pablo Neruda

ENTRADA A LA MADERA

Con mi razón apenas, con mis dedos,
con lentas aguas lentas inundadas,
caigo al imperio de los nomeolvides,
a una tenaz atmósfera de luto,
a una olvidada sala decaída,
a un racimo de tréboles amargos.

Caigo en la sombra, en medio
de destruidas cosas,
y miro arañas, y apaciento bosques
de secretas maderas inconclusas,
y ando entre húmedas fibras arrancadas
al vivo ser de substancia y silencio.

Dulce materia, oh rosa de alas secas,
en mi hundimiento tus pétalos subo
con pies pesados de roja fatiga,
y en tu catedral dura me arrodillo
golpeándome los labios con un ángel.

Es que soy yo ante tu color de mundo,
ante tus pálidas espadas muertas,
ante tus corazones reunidos,
ante tu silenciosa multitud.

Soy yo ante tu ola de olores muriendo,
envueltos en otoño y resistencia:
soy yo emprendiendo un viaje funerario
entre tus cicatrices amarillas:
soy yo con mis lamentos sin origen,
sin alimentos, desvelado, solo,
entrando oscurecidos corredores,
llegando a tu materia misteriosa.

Veo moverse tus corrientes secas,
veo crecer manos interrumpidas,
oigo tus vegetales oceánicos
crujir de noche y furia sacudidos,
y siento morir hojas hacia adentro,
incorporando materiales verdes
a tu inmovilidad desamparada.

Poros, vetas, círculos de dulzura,
peso, temperatura silenciosa,
flechas pegadas a tu alma caída,
seres dormidos en tu boca espesa,
polvo de dulce pulpa consumida,
ceniza llena de apagadas almas,
venid a mi, a mi sueño sin medida,
caed en mi alcoba en que la noche cae
y cae sin cesar como agua rota,
y a vuestra vida, a vuestra muerte asidme,
a vuestros materiales sometidos,
a vuestras muertas palomas neutrales,
y hagamos fuego, y silencio, y sonido,
y ardamos, y callemos, y campanas.

Pablo Neruda (De "Tres cantos materiales")

HAIKU

Mientras lo corto

veo que el árbol tiene

serenidad.

Ritsurin Issekiro