Proyecto: Columnas salomónicas.
Dificultad: Principiante
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Tiempo estimado de realización: 3 horas.

Con esta talla, vamos a dar una bella solución para decorar barrotes torneados. Se trata de las columnas salomónicas, que tienen el fuste contorneado en espiral. Hay numerosas variantes, con dos, tres, cuatro o incluso más entradas. También existe el salomónico gótico, con aristas vivas o el floreado, que incluye elementos decorativos (hojas, ramas, frutas, etc.) sobre la forma básica.

El secreto de esta forma tan llamativa está en dibujarlo bien y darle el caido correcto. Vamos a ver los pasos que debemos seguir:

Debemos partir de un barrote torneado limpio, es decir, totalmente cilíndrico. Para hacerlo por primera vez es conveniente que no elijamos uno con sección muy delgada. Al menos, que tenga 5 cm. de diámetro.

Ahora deberemos marcar en un extremo, sobre una linea que recorra toda la circunferencia, tres divisiones equidistantes. Para ello, lo más fácil es utilizar un cartón, envolver el cilindro con él y hacer una marca con lápiz al completar una vuelta. Mediremos y dividiremos en tres partes esa distancia. Trasladamos esas divisiones nuevamente a la madera y trazamos lineas paralelas que recorran el cilindro verticamente desde cada uno de los puntos marcados.

Sólo nos queda marcar sobre el cartón un ángulo de unos 45º aproximadamente y llevar este caido a la madera, desde una cualquiera de las marcas de comienzo, hasta cortar la linea contigua. Medimos la distancia en la línea cortada que hay desde ese trazo hasta el comienzo, y trasladamos esa medida a lo largo de toda la longitud de cada una de las líneas. Sólo nos quedará volver a utilizar el cartón cortado para unir los puntos, sin preocuparnos ya del ángulo. Debería quedarnos algo así:

En el otro extremo, no es necesario que las marcas terminen a la misma altura que en el comienzo. Eso dependerá de la longitud del barrote.

Bueno, pues ya hemos hecho lo peor. Ahora nos podemos poner a tallar. Con la gubia de esquina iremos pasando por las líneas de lápiz que van enroscando el cilindro. Es importante mantener la gubia siempre con el mismo ángulo de ataque sobre la pieza. Recuerdo esto porque es bastante habitual que al ir marcando sobre una superficie curva, tendamos a tumbar la herramienta y eso puede provocar que desplacemos el recorrido correcto.

Seguidamente, con una gubia plana iremos sacando material, a ambos lados de la marca hecha, yendo siempre en la dirección de la veta, sin llegar nunca a la mitad de cada cinta.

Así podremos volver a pasar nuevamente la gubia de esquina. Este proceso es sencillo y repetitivo, sólo deberemos cuidarnos de llevarlo todo a la vez, girando la pieza para completar cada recorrido antes de cambiar de gubia para el siguiente paso.

Evidentemente, pasaremos otra vez la gubia plana. Ahora ya casi se percibe la forma definitiva de la columna.

Nuevamente pasamos la gubia de esquina. En el ejemplo será la última vez, pero para columnas de más diámetro o para gente que no cale demasiado con la gubia de esquina, es muy posible que tenga que hacer este proceso más veces.

Ahora, debemos ya quitar el resto de material, redondeando las formas. Usaremos para ello una gubia plana, pero que se adapte mejor a la curvatura de la cuerda. Este paso es más delicado que los anteriores cortes con gubia plana, ya que determinará el acabado definitivo.

Deberemos dejarlas lo mejor posible con la gubia, pero el acabado final lo haremos con la lija. Las columnas salomónicas forman parte del pequeño grupo de formas que está permitido lijar en talla. Pasaremos una lija de 80-100 de grano, siguiendo las formas y luego otra de grano más fino (160-180) para dejar un acabado perfecto.

Y ya está. Os recuerdo que las columnas salomónicas suelen ir por parejas, y el ángulo de caido debe ser simétrico para las columnas enfrentadas. Espero que os guste este proyecto y no os mareéis con tantas vueltas, jajaja.

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