Proyecto: Restauración de un Comedor.
Dificultad: Media
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Tiempo estimado de realización: 1000 horas.

Para empezar os diré que no hay error en el tiempo estimado de realización. Es un cálculo real del tiempo que le llevaría a una sola persona hacer este trabajo. En cualquier caso, pensad que se trata de todo un comedor, que incluye mesa, seis sillas y dos muebles-trinchero.

Este "paso a paso" no está pensado para que lo hagáis de la misma manera, ya que cada trabajo de restauración tiene particularidades que lo hacen único, pero si puede servir de guía para aquellas personas que tienen un mueble antiguo deteriorado y no se atreven a "lavarle la cara". Espero que os guste, ¡allá vamos!

El comedor llegó a nuestras manos en un estado lamentable: había sido pintado con una base de purpurina dorada y posteriormente con esmalte blanco, para conseguir un efecto moderno, que lo que realmente consiguió fue estropear el mueble.

Además, muchas partes estaban rotas y desencoladas, los herrajes incompletos y muy deteriorados, y las traseras despegadas e inservibles.

El primer paso, después de comprobar los desperfectos y considerar adecuado el proceso de restauración (la madera es toda de castaño macizo, excepto las traseras y las partes superiores de mesa y trincheros que son chapeados en castaño), es el de decapado o eliminación de las dos capas de pintura que ocultan completamente la belleza de la madera.

Este proceso lo hemos realizado aplicando aire caliente con una herramienta para ese fin, la pistola de calor. Este útil tiene importantes ventajas sobre otros sistemas de decapado, ya que los residuos producidos son menos tóxicos, es más rápido y la madera sufre menos que si usamos productos químicos.

Esta primera fase de decapado se lleva a cabo calentando la superficie pintada con la pistola de calor hasta que la pintura se levanta de la madera. Usando espátulas y cepillos de raíz, la eliminamos de la superficie del mueble lo más posible. Lo que obtenemos en detalle es más o menos esto:

Como se puede observar, aunque se ha quitado casi toda la pintura, especialmente por las partes talladas todavía quedan muchos restos de purpurina, que evidentemente deben desaparecer. Aquí podemos tomar dos caminos: o eliminarlos totalmente aplicando una solución de sosa cáustica sobre la madera, o por el contrario, coger las gubias y retallar las formas, respetando lo máximo posible la talla existente. Hemos elegido el camino lento, es decir, el de retallar la obra, por permitirnos un mejor acabado y ser menos agresivo para el castaño, una madera no excesivamente dura.

Este ha sido un trabajo complejo y delicado, que ha ocupado gran parte del tiempo de la restauración y que comprende también la limpieza de los torneados de mesa y sillas.

También se han realizado las labores de reparación del mueble, más propias del trabajo de carpintería, y se han añadido en cada caso los elementos rotos, deteriorados o que faltaban. Como ejemplo os diré que nos encontramos con grietas en los torneados de los trincheros, roturas en las molduras que habían sido rellenadas con escayola antes de pintar el mueble, pequeñas piezas de apoyo hechas con otra madera o con albura de castaño, que habían sido atacadas por la carcoma, etc. Todo esto se solucionó, intentando respetar siempre el espíritu inicial del mueble, sustituyendo las piezas rotas o dañadas, incorporando castaño nuevo donde era necesario, etc.

Posteriormente se lijaron todas las partes no talladas de los respectivos muebles, para preparar las superficies para el acabado, que en esta ocasión va a ser a la cera teñida, que previamente hemos preparado mezclando cera virgen de abejas, aguarrás puro (esencia de trementina) y betún de judea.

Tras la aplicación de la cera, y su cepillado enérgico posterior para sacarle brillo, le colocamos los nuevos herrajes, ya que nos ha sido imposible conseguir tiradores idénticos a los iniciales y éstos estaban muy deteriorados e incompletos. También cambiamos cerraduras y bisagras, respetando los tamaños y formas de éstos, para aprovechar los rebajes y entalladuras existentes y no crear otros nuevos que agrederían innecesariamente los muebles.

La obra terminada merece la pena. La restauración es un trabajo bastante ingrato, ya que requiere la habilidad del artista-artesano pero no se reconoce de igual manera su labor, ya que trabaja sobre lo que han hecho otros y lo ideal es que lo modifique lo menos posible y simplemente le devuelva a la obra el esplendor que tuvo el dia que se hizo.


En las sillas se realizó idéntico tratamiento, cuidando sobre todo la unión de las diferentes partes que las forman durante todo el proceso y el mantenimiento de la talla, de gran delicadeza.

Cada uno de los detalles tiene importancia, en sí mismo y como parte del conjunto. Los nuevos herrajes se eligieron cuidadosamente para armonizar con todo el mueble. Para los cajones se buscaron asas circulares que no desentonaran con la forma tallada que rodeaba los anteriores tiradores y en las puertas nos decidimos por un modelo de asa con bocallave integrado, siguiendo los mismos criterios.

Creo que el resultado salta a la vista. Pero aunque aquí lo he resumido en unas cuantas fotos, ha sido el trabajo arduo de un grupo de 10 personas durante muchas semanas. Sirva esta foto como homenaje a todos los que participaron en esta restauración.

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